A propósito de la preocupación que ha generado el ausentismo estudiantil en el inicio de este año escolar, hay una pregunta que considero necesario hacernos: ¿qué condiciones estamos ofreciendo para que nuestros estudiantes quieran estar en la escuela?
Por Nulbia Villamán Santos, MA
Educadora, coordinadora pedagógica y especialista en gestión de centros educativos.
Cuando hablamos de la ausencia de un estudiante, fácilmente pensamos en la importancia de que vuelva a clases. Pero creo que también necesitamos preguntarnos qué hay detrás de esa ausencia y si nuestra preocupación está realmente puesta en su educación o, simplemente, en conseguir que esté físicamente dentro de un aula.
Porque estar en la escuela no necesariamente significa estar aprendiendo.
¿Qué encuentran cuando llegan?
Hablamos mucho de calidad educativa. Se diseñan proyectos, programas, estrategias y planes para mejorar los resultados. También nos preocupamos por la asistencia. Y está bien que nos preocupe. Un estudiante que deja de asistir pierde experiencias, aprendizajes y oportunidades.
Pero algo no termina de encajar cuando queremos que nuestros estudiantes estén todos los días en las aulas sin detenernos suficientemente a mirar cómo son esas aulas.
Hay escuelas construidas para responder a una cantidad determinada de estudiantes, pero que terminan recibiendo muchos más. Hay aulas pequeñas, con poca ventilación, en un país donde el calor forma parte de nuestra realidad cotidiana. Hay estudiantes que pasan cuatro o cinco horas sentados en sillas poco adecuadas, sudando, incómodos, tratando de concentrarse mientras el calor, los olores, las interrupciones o las condiciones del espacio compiten con aquello que pretendemos enseñar.
Desde mi percepción, incluso los protocolos de vestimenta que deben cumplir los docentes no siempre parecen pensados para las condiciones climáticas de nuestro país y, particularmente, de nuestra zona. No se trata de desconocer la presentación y el respeto que requiere el ejercicio profesional, sino de preguntarnos si esas exigencias pueden contemplar también prendas apropiadas para el clima, sin dejar de lado la imagen y el decoro que corresponden a quienes ejercemos la docencia.
Entonces vuelvo a preguntarme: ¿quién quiere aprender en un lugar así?
Y también: ¿quién quiere impartir docencia en un lugar así?
No hablo de escuelas perfectas. Hablo de condiciones mínimas para aprender y enseñar con dignidad.
Porque si realmente queremos hablar de calidad educativa, quizás deberíamos comenzar por algo mucho más elemental: crear las condiciones para que esa calidad pueda ocurrir.
Cuando la escuela no puede hacerlo sola
A veces conseguir que un estudiante regrese a clases se convierte en una tarea cuesta arriba para la propia escuela. Hay casos de abandono en los que pueden pasar semanas o meses sin que el estudiante aparezca, mientras Orientación y Psicología visita hogares, llama, busca a las familias e intenta encontrar una explicación. Y entonces también me pregunto: ¿en qué momento la escuela terminó siendo responsable de garantizar por sí sola que un niño asista a clases?
La escuela debe investigar por qué un estudiante falta y hacer todo lo que esté a su alcance para acompañarlo, pero garantizar su asistencia no puede recaer sobre ella.
Tampoco puede fabricar, desde dentro de un salón, todas las condiciones que hacen falta para que un niño o un adolescente quiera estar allí.
Estar no es lo mismo que querer estar
A veces parece que confundimos dos cosas: lograr que un estudiante vaya a la escuela y lograr que quiera estar en la escuela.
No es lo mismo.
Un niño puede estar presente y estar completamente desconectado. Puede ocupar una silla durante horas y no sentirse motivado a aprender. Puede cumplir con la asistencia y, aun así, no encontrar en ese espacio algo que despierte su curiosidad, su participación o su deseo de descubrir.
Y esto debería hacernos pensar.
Si un estudiante puede encontrar en su propia casa, desde un teléfono, acceso a información, videos, explicaciones y experiencias que despiertan su interés, mientras en la escuela tiene que permanecer durante horas en un espacio caluroso, poco ventilado y sobrecargado, ¿qué estamos haciendo para que la escuela siga siendo un lugar al que quiera ir?
No se trata de competir con un celular.
Se trata de entender que el mundo cambió y que la escuela no puede limitarse a exigir presencia. Tiene que ofrecer una experiencia que tenga sentido para quien aprende.
La calidad educativa también ocurre en el aula
Hablamos de las pruebas estandarizadas, de los bajos resultados, de la necesidad de mejorar. Y debemos hacerlo. Pero mejorar la educación no puede significar solamente agregar otro proyecto, otro programa, otra estrategia o exigir otro resultado.
Tal vez necesitamos comenzar por mirar la realidad desde arriba hacia abajo y preguntarnos si estamos creando las condiciones que realmente necesita la comunidad educativa.
Porque la educación no ocurre únicamente en los documentos, en los planes ni en los indicadores.
Ocurre en un aula.
Y en esa aula, hay un estudiante que necesita sentirse dispuesto a aprender, y un docente que necesita condiciones para facilitar ese aprendizaje.
La pregunta que queda
Por eso, cuando volvamos a preguntarnos por qué tantos estudiantes no están asistiendo a clases, quizás deberíamos hacernos primero una pregunta más incómoda:
¿Hemos construido escuelas a las que nuestros niños y adolescentes realmente quieran ir?
Porque exigir presencia es relativamente sencillo.
Si decimos que queremos calidad educativa y seguimos construyendo escuelas en las mismas condiciones, mientras esperamos resultados y aprendizajes diferentes, algo no termina de guardar coherencia.
Porque no podemos esperar mejores resultados si seguimos creando las mismas condiciones que, en buena medida, dificultan que esos resultados ocurran.
Lo verdaderamente difícil —y quizás lo verdaderamente importante— es construir un lugar donde aprender resulte una experiencia que valga la pena vivir.
Nulbia Villamán Santos
Educadora | Coordinadora pedagógica | Madre
Correo: nulbiav@gmail.com
Teléfono: 849-287-4013