Opinión: ¿Por qué no nos vestimos de rosa el año entero?

La lucha contra el cáncer de mama no termina en octubre. Detrás de cada diagnóstico hay un proceso que puede prolongarse durante meses o años, con necesidades económicas, emocionales y de atención médica que no desaparecen cuando acaba la campaña.

Cada octubre, las calles se tiñen de rosa. Se organizan caminatas, campañas de prevención y jornadas de chequeos gratuitos para crear conciencia sobre el cáncer de mama. Pero, cuando termina el mes, me surge una pregunta: ¿qué pasa con quienes ya han recibido el diagnóstico y tienen por delante un largo y costoso proceso de tratamiento?

Esta es una opinión personal, motivada también por experiencias cercanas. Dos de mis hermanas han pasado por el cáncer, al igual que algunas de mis colegas. He podido comprender que el diagnóstico puede ser el comienzo de un proceso prolongado, con tratamientos, análisis, estudios especializados y un desgaste emocional y económico que afecta a toda la familia.

Lo más doloroso es que, cuando los recursos familiares se agotan, muchas personas terminan recurriendo a rifas, colectas y solicitudes de ayuda a sus compañeros de trabajo para poder continuar su tratamiento.

¿Es justo que una persona tenga que salir a pedir ayuda para poder continuar luchando por su vida?
A esta realidad se suma la necesidad de fortalecer la atención oncológica en Puerto Plata. Reconozco como un avance la apertura de una unidad oncológica en el Centro Médico Bournigal. Sin embargo, es necesario evaluar si la capacidad de los servicios disponibles responde a la demanda de la provincia. Para quienes deben trasladarse a otras ciudades a recibir determinados tratamientos, los gastos de transporte, el cansancio y la incomodidad se suman a una situación que ya resulta difícil.

También es importante reconocer y fortalecer las iniciativas solidarias que contribuyen a aliviar la carga económica de los pacientes oncológicos, como aquellas que facilitan sus traslados para recibir tratamiento. Estos aportes representan una ayuda valiosa, pero no sustituyen la necesidad de políticas públicas permanentes que garanticen atención integral a quienes enfr

entan esta enfermedad. A quienes realizan estas acciones solidarias, mi reconocimiento; saben que estas palabras también son para ellos.
El cáncer constituye una realidad de salud pública que merece cada vez mayor atención en nuestra sociedad.

No podemos limitar nuestra respuesta a las campañas de sensibilización; es necesario fortalecer la prevención, la detección temprana y la capacidad de atención del sistema de salud. Debemos asumir esta realidad como una prioridad que exige acciones sostenidas para reducir los riesgos, evitar diagnósticos tardíos y disminuir las consecuencias que esta enfermedad deja en las personas y sus familias.

Por eso, considero que el Estado debe prestar mayor atención a esta realidad. No basta con promover la detección temprana; también debemos preguntarnos qué ocurre después del diagnóstico, cuando comienza la verdadera batalla económica y emocional.

¿Qué propongo?

Un programa permanente de apoyo integral a pacientes con cáncer que facilite el acceso a estudios, medicamentos y tratamientos necesarios que no estén cubiertos y que las familias no puedan costear; que incluya acompañamiento psicológico y ayudas para evitar que la falta de recursos obligue a interrumpir la atención.

Asimismo, propongo fortalecer los servicios oncológicos públicos en Puerto Plata y evaluar la creación de un centro oncológico público que responda a las necesidades de la provincia. Mientras tanto, podrían establecerse ayudas para el transporte de pacientes y sus acompañantes.

No se trata de desconocer los programas existentes, sino de reconocer que una enfermedad prolongada puede agotar incluso a una familia que inicialmente contaba con recursos.

La solidaridad de un pueblo es valiosa, pero no debería sustituir la protección que necesitan las personas cuando sus posibilidades económicas se han agotado.

El cáncer no entiende de calendarios ni la necesidad desaparece cuando termina octubre. Vestirse de rosa es un gesto de solidaridad; garantizar atención, tratamiento y apoyo durante todo el año es un compromiso con la vida.

Entonces, ¿por qué no nos vestimos de rosa el año entero?