gregory castellanosPor Lic. Gregory Castellanos Ruano
Desde Puerto Plata escribió y fechó la carta que les remitió a todas las asociaciones de ciencias, instituciones de investigación, laboratorios, academias, personalidades y personas, extranjeras y connacionales, a las que estimó era pertinente dirigírsela. En esa larga lista de destinatarios puso de primeros a los científicos, laboratorios, entidades y personas que le habían ayudado en su investigación; y luego siguió con muchos otros científicos, laboratorios, entidades y personas que no habían tenido el más mínimo conocimiento sobre ese periplo investigativo.
…Después de señalar a todos los destinatarios la carta decía lo siguiente:
«Ante el esfuerzo de las personas e instituciones que colaboraron en la investigación en la que me involucré me he creído en el deber de hacerles (lo mismo que a otras personas e instituciones que he estimado que también deben enterarse), una comunicación escrita formal contentiva de la narración de todos los hechos, desde el principio hasta el final, lo mismo que, correlativamente, de todos los contactos que hice; y ello para que todos tengan una visión cabal de cada una de todas las diligencias practicadas por mí. Lo hago para que quede formal constancia de cara al conocimiento de la Humanidad respecto de cuestiones que eventualmente podrían en algún momento, quizás, ser sobre todo de interés vital por razones, esencialmente, de seguridad.
Si bien todos mis afanes, lo mismo que los afanes de quienes me ayudaron en el curso de la investigación, fueron impelidos por la curiosidad de saber, de conocer, en fin, por la curiosidad científica (la cual creo que hemos conseguido satisfacer con bastante amplitud y racionalidad), sería, quizás, una pesadísima carga de negligencia a mi cargo, de consecuencias, tal vez, enormemente trágicas para el futuro de la Humanidad si yo no les dejara a las instituciones, personalidades, hombres de ciencia y demás personas que intervinieron respectivamente en diferentes tramos de la investigación una constancia más formal y más acabada de los hechos, pues me preocupa sobremanera el futuro de la raza humana, el con qué o los con qué eventualmente se puede encontrar ella según se desprende de todo cuanto aquí les escribo.
Como algunos pocos de ustedes saben, soy un profesor de Biología que se ocupa de la materia tanto al nivel secundario de dos escuelas, una pública y la otra privada, así como también al nivel del ciclo preparatorio en la extensión de esta ciudad de Puerto Plata de la Universidad Católica, todo lo cual me permite dar clases ocasionalmente desde los laboratorios mismos en dichas respectivas entidades educativas. Soy, pues, un humilde profesor de Biología, pero no por ello me quedé ajeno a la captación del sentido de la importancia y de la profundidad del conjunto de cada uno de los aspectos que les trato.
Todo se inició cuando unos pescadores hallaron un extraño artefacto unos dos kilómetros al Norte de la Bahía de Maimón, Puerto Plata, en la República Dominicana, en ocasión de tirar su red desde su pequeña embarcación y de algunos otros de la misma realizar actividades de pesca submarina.
«El artefacto« o «El paquete« -como le he llamado indistintamente desde que lo he tenido frente a mí- llegó a mis manos porque un alumno mío hermano del pescador concreto que lo encontró y lo sacó, él, como muchos otros, inmerecidamente me considera un «todólogo« y, por eso, pensó que yo podría dar respuesta para despejar la incógnita generada por el artefacto mismo que pareció estar «vivo« por este «auto protegerse« produciendo una descarga eléctrica contra quien intentó abrirlo.
Mi alumno llegó agitado a mi casa con el artefacto a manos y me contó lo de la descarga eléctrica que el artefacto le dio a su hermano el pescador cuando éste, estando en su casa, después de limpiarlo de todo lo que tenía acumulado como una costra arriba intentó abrirlo a la fuerza, lo que le ocasionó quedar privado del conocimiento y que tuvieran que llevarlo huyendo al hospital público; unas cuatro horas después los médicos le dijeron que su hermano pescador estaba fuera de peligro, pero que debía de guardar un poco de reposo en su casa.
Ver aquel artefacto me llamó la atención. Era de un color azul obscuro azabache profundo, de largo y de ancho tenía el tamaño de una laptop, pero de altura la cuadruplicaba. Tenía en la parte superior una serie de inscripciones o letras extrañas que nunca en mi vida había visto.
Le pedí a mi alumno que, por favor, tratara de conseguirme todo el material marino que cubría el artefacto cuando su hermano lo limpió intentando ver lo que era. Ante mi pedido mi alumno fue inmediatamente a la casa donde los dos viven juntos y volvió y me entregó dicho material dentro de una bolsa plástica. Inmediatamente adopté las precauciones necesarias para su conservación y llamé por teléfono a Rodrigo Aybar, el encargado del Laboratorio Central de la Universidad Católica, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana y le dije que se lo iba a enviar para que, con la prueba del carbono 14, me dijera qué tiempo había permanecido el aparato en el fondo marino.
Como era evidente que el aparato en cuestión tenía electricidad y que algún dispositivo electrónico debía de tener para el mismo poder ser abierto, hice otra llamada por teléfono, esta vez en mi ciudad, al buen amigo Ingeniero en Electrónica Joaquín Núñez para decirle que iría de inmediato a su casa para que me ayudara con algo que parecía interesante.
Una vez reunido con él y tras examinar con detenimiento el aparato con un osciloscopio, el Ingeniero electrónico me dijo que la frecuencia en que oscilaba el control interno de eso era una frecuencia muy superior a la que alcanzaba el osciloscopio que él estaba usando para tratar de encontrar en qué frecuencia era que funcionaba: me explicó que incluso estaba por encima del rango de frecuencias espaciales normales, que su osciloscopio era posiblemente el más moderno que había en el país y que lo eligió precisamente por el amplísimo rango de frecuencias que abarcaba, por lo que el tranque existente sólo podía ser superado con un osciloscopio que superase ese límite y que para eso habría que hablar con las gentes de los radiotelescopios, con los científicos de los radiotelescopios porque estos aparatos vienen preparados para multiplicar los rangos de frecuencia y por eso pueden ir hasta niveles insospechados, que yo tendría que ver cómo me la ingeniaba para hacer llegar el artefacto a uno de esos sitios.
Tres días después de eso recibí la llamada del encargado del Laboratorio Central de la Universidad Católica, quien me dijo que aplicada la prueba del Carbono 14 la datación del material que yo le había enviado (el que recubrió el artefacto hallado por el pescador) era de hace unos quinientos y pico de millones de años atrás, que dicha prueba del Carbono 14 no se practicó una sola vez, sino cinco veces para descartar cualquier error: y cada uno de los cinco resultados fueron exactamente idénticos; que de la misma manera, cinco veces fue examinado el equipo de datación para ver si era que estaba dañado y las cinco veces arrojó por resultado que estaba en perfectas condiciones de funcionamiento normal.
Sorprendido del test del Carbono 14, como es natural, mi curiosidad se acrecentó enormemente por lo que hice de conocimiento del director de la extensión de la universidad la situación de la investigación en que me había involucrado; le dije que parecía que podía haber algo de alguna importancia, que yo creía que lo mejor era que yo no me separara ni por un instante de la investigación, que ella parecía conducir a unas implicaciones, a unos ramales quizás insospechadas; él, muy comprensivo, le pidió al departamento al que yo pertenecía que mis gastos fueran cubiertos durante los viajes que necesitase hacer a cualquier otro punto del país y a cualquier otro país, lo cual fue de inmediato aprobado.
Razoné que si la costra que cubrió al artefacto provenía de una época tan arcaica lo prudente era indagar de qué metal el mismo estaba hecho, por lo que hice contacto con amigos de la compañía minera Rosario Dominicana, en Cotuí, República Dominicana, para que me recibieran para yo llevarle el aparato y ellos pudiesen determinar de qué metal era que estaba hecho.
Cuando los ingenieros en metalurgia y técnicos de laboratorio de la Rosario Dominicana le hicieron las pruebas que ellos estimaron pertinentes se reunieron todos conmigo y me dijeron que estaban sumamente asombrados, que el artefacto estaba hecho con un metal totalmente desconocido de conformidad con nuestra Tabla Periódica, que por eso no podían siquiera hacer un estimado y ni siquiera una especulación sobre el metal ya que las técnicas que ellos usan para ello fueron usadas todas y todo fue fallido.
Si me sobresaltó la noticia de la datación del Laboratorio Central de la Universidad Católica sobre la costra que cubría el aparato cuando fue hallado, más me sobresaltó esta nueva noticia que me dieron los ingenieros metalúrgicos y los técnicos del laboratorio de la Rosario Dominicana, pues entendí muy claramente que entonces con ese aparato estábamos en presencia de una tecnología metalúrgica que ni siquiera existe en el planeta, que la presencia aquí de este aparato sólo podía significar que dicho aparato no se había originado en este mundo.
¿Quién lo trajo? ¿De dónde lo trajo? ¿Porqué lo trajo, para qué lo trajo? ¿Qué era ese aparato, es decir, para qué servía?: Fueron las preguntas que golpearon mi mente.
¡Esto estuvo tirado en el fondo del mar desde hace unos quinientos y pico de millones de años y no está hecho con un metal de este planeta! La presencia aquí de este aparato sólo puede significar que él no es de este mundo, que fue traído a este mundo. Me decía a mí mismo en un estado de sorpresa continuo.
Hice contacto telefónico con el Instituto de Estudios Filológicos de los Estados Unidos, les expliqué que en mis manos había caído un aparato con unas inscripciones o caracteres que para mí eran totalmente desconocidos y que quizás a ellos les interesara saber sobre dichas inscripciones y podían decirme qué cosa era lo que significaban. Me pidieron que tomara fotos abundantes y que inmediatamente las tuviese se las enviara vía whatsapp, todo lo cual procedí a hacer de inmediato.
Tres días después me llamaron y me dijeron que el idioma en que está escrito lo que está escrito sobre la superficie de «El artefacto« no es ninguno de los idiomas (vivos o muertos) conocidos en todo el planeta. Y me dijeron que quizás era una broma pesada lo que alguien me estaba haciendo.
Razoné que si esto era de otro planeta, como todo estaba apuntando en esa dirección, quizás lo mejor fue que yo no consiguiese la frecuencia de funcionamiento de su mecanismo de apertura donde el Ingeniero Joaquín Núñez porque si era de otro planeta su apertura necesariamente tendría que estar sometida a un estricto protocolo para evitar que algún patógeno del espacio exterior, de haberlo, pudiese hacer estragos entre los humanos.
Teniendo esto muy pendiente la universidad me hizo los contactos necesarios para ser recibido en el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta, allí, a su vez, hicieron los contactos necesarios para que una estación radiotelescópica le facilitase un astrofísico y un osciloscopio de amplio espectro para rastrear la frecuencia que condujese a la apertura del artefacto. Cuando todo estuvo listo fui contactado y fue fijada la fecha y la hora en que yo debía de estar en dicha institución.
En el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta me recibió un equipo multidisciplinario compuesto por científicos provenientes de diferentes áreas de las ciencias y junto con ello estaba el astrofísico Edward Cody a cuyo cargo estaba el operar el osciloscopio para descubrir la frecuencia de operación interna del aparato. Determinada dicha frecuencia de inmediato el aparato fue llevado a otra habitación, una notoriamente rodeada de precauciones sanitarias extremas y todos los que estaban dentro de ella estaban vestidos con ultra cerrados trajes anti bacteriológicos de los que tienen tanques de aire incorporados.
A través de la frecuencia descubierta se le transmitieron varios impulsos radioeléctricos al artefacto con un sofisticado aparato de control remoto, finalmente se logró lo que se quería lograr: el artefacto se abrió lentamente dejando ver lo que contenía: una serie de frascos o recipientes transparentes del mismo tamaño y cada uno de ellos tenía unas inscripciones hechas en los mismos caracteres de los que estaban en la cubierta del aparato: el aparato era un contenedor y en cada frasco o recipiente había un espécimen de araña de la misma especie cada uno.
Yo presencié todo a través del vidrio de la pared de la habitación y cuando vi aquello pensé en que la presencia aquí de ese contenedor sólo podía significar que esos animales no eran de este mundo, que fueron traídos a este mundo.
Uno de los científicos de allí dentro dijo que los especímenes contenidos en el envase se correspondían exactamente con la especie más antigua de araña, la conocida como la primera araña en la Tierra. Se trataba de la pequeña especie `Idmonarachne`, la «protoaraña», la cual inyecta veneno a sus víctimas.
El contenedor contenía, pues, animales de tierra, no de mar. Y esos animales, esas arañas, estaban todas vivas, según coincidieron en señalar expertos de diferentes áreas.
El contenedor que era aquel artefacto hizo honor a su nombre de contenedor: ¡Más de quinientos y pico de millones de años después de surgir a la existencia, aquellas arañas seguían vivas!
Tras examinar a cada uno de los especímenes los que eran expertos en Genética de los allí presentes procedieron a realizar algunas observaciones y pidieron que les fueran concedidos dos días para hacer unos exámenes más detenidos y completos para ellos poder hacer un informe lo más específico posible.
Transcurrido el plazo pedido volvió a producirse la reunión entre todos los hombres de ciencia y yo. Los dos genetistas explicaron que hicieron un examen muy minucioso y que finalmente podían decir que cada uno de dichos especímenes se trataba de ejemplares genéticamente modificados; que del estudio de células de estos especímenes y un procedimiento de clonación con una muestra con la modificación genética suprimida se podría apreciar cómo era la araña que por la vía de la manipulación genética originó estos especímenes; que por ello proponían que se les permitiese proceder para así ellos hacer esa clonación e irle dando a la misma las condiciones apropiadas para que se desarrollase en muy poco tiempo, unos cinco días a lo sumo, cuestión de que el arácnido pudiese ser visto tal como realmente era. Así lo acordó el grupo de científicos bajo la condición de que los genetistas trabajasen en uno de los salones del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta y así lo hicieron los genetistas.
Transcurrido el plazo pedido por los genetistas el jefe de estos le informó al grupo que el ser originario de donde habían surgido esas arañas pequeñas contenidas en los envases de «El artefacto« era un ser de apariencia espantosa, siniestra, abominable, y nos pidió que los acompañáramos a él y a su compañero a verlo, lo cual hicimos todos confirmando a plenitud su terrible aseveración.
Lo habían criado y lo que salió fue una araña peluda enorme, una tarántula gruesa, fuerte, de unos seis pies, no venenosa, con elementos prensiles desarrollados, es decir, manos que eran laterales en las dos patas frontales de sus ocho patas y, según nos dijeron los genetistas, dicho ser araña estaba dotado con un aparato fonador o fonatorio parecido al humano ya que tenía los elementos básicos de este, esto es, un sistema respiratorio, una laringe, cuerdas vocales y una cavidad bucal, todo lo cual le permitía articular sonidos con los cuales era evidente que los miembros de esa especie podían comunicarse en una forma más o menos parecida a la usada por nosotros los humanos.
¡La noticia visual, es decir, el poder ver directamente a ese ser de apariencia horripilante allí presente fue sorprendente! Estaba sumergido en estado de suspensión en una especie de líquido amniótico en el cual flotaba dentro de un gran recipiente de cristal transparente. El estudio y la clonación con la supresión de la modificación genética que se hizo revelaba que la matriz original de donde procedía lo clonado, producía una araña en su etapa adulta con esos rasgos que recién expresé. Esos elementos prensiles o manos que tenía en las dos extremidades delanteras eran los que explicaban el que esta raza de aspecto tan atrozmente espantoso hubiese podido desarrollar la avanzada civilización que evidencia la tecnología que ya poseían hace más de quinientos y pico de millones de años atrás, pues ninguna especie que carezca de elementos prensiles desarrollados puede desarrollar ni cultura ni civilización alguna ya que sin los mismos sería imposible que pueda producir el fuego que es la base elemental de todo para poder lidiar con metales.
Dichos genetistas nos explicaron que trataron de localizar ese sello genético en una buena cantidad básica de otras especies de arañas conocidas en nuestro planeta, haciendo las comparaciones correspondientes, pero que el único punto a que los condujo fue a esta especie que se conserva en el contenedor al que llamamos «El artefacto« por lo cual se confirmaba que dichas otras especies básicas eran descendientes de la especie conservada en «El artefacto«.
Con razón se explica el que estos animales, esta especie de la cual estaba lleno de especímenes «El artefacto« y que es la primera que registra la Historia zoológica del planeta, surgieran «de la nada« artillados con un aparato generador de veneno y con unas pinzas a través de las cuales inyectarlos. Si eran animales nuevos surgidos de algún proceso evolutivo se suponía que no debían de aparecer de golpe y porrazo con ese poderoso aparato venenoso defensivo y ofensivo, sino sin el mismo y que quizás luego, producto de la necesidad del medio ambiente de animales hostiles, la evolución comenzase a operar sus efectos. Pero ese no es el caso, eso no fue lo que ocurrió con esos animales. Esas arañas del contenedor eran una expresión concreta genéticamente modificada de los propios visitantes que las trajeron o que las crearon en este planeta y las metieron en ese contenedor.
Mi reacción frente a saber todo prácticamente casi hasta la saciedad lo fue una extraña actitud de retraimiento, de recogimiento, sentí mi estado de ánimo como si un gran resorte extendido por haber sido y estado fuertemente halado hubiera ido lentamente volviendo a su posición original y paralelamente percibí una sensación de extrañísimo sopor que me invadía.
…Mi lectura de estos acontecimientos, pues, se orienta hacia que seres de una raza procedente de otro planeta ubicado en alguna galaxia, conocida o desconocida por nosotros, no lo sé, visitaron este planeta y estaban lidiando con estos animales a los cuales insertaron en los diferentes medio ambientes terrestres y que por ello esos animales, es decir, esas arañas venenosas son los ancestros primigenios de todas las arañas, las cuales evolucionaron a partir de esos primeros arácnidos.
Las manos que tenía el espécimen reproducido a partir de la supresión de la modificación genética sugiere claramente que las arañas primigenias que crearon a esos especímenes eran quienes manejaban la nave espacial en que llegaron desde otro mundo situado en algún distante lugar del Universo. Esos visitantes, que eran arañas grandes del tamaño de un hombre promedio (es decir, eran arañas gigantes), estaban haciendo experimentos y obviamente prepararon a esos ejemplares pequeños dotándolos de un aparato generador e inyector de veneno para que esos últimos pudiesen vivir en el medio hostil que apreciaron era la Tierra en el momento que llegaron e hicieron los estudios correspondientes.
De esto surge una interrogante lógica: ¿Cuál era el objetivo final de esas arañas gigantes crear a partir de células propias esa modificación arácnida e insertarla en los medio ambientes de la Tierra, esto es, qué perseguían con meter a esas arañas venenosas en los medio ambientes de la Tierra? Pienso que el objetivo era asentarse en este planeta en la condición morfológica en que estaban al momento de llegar, para luego, en algún momento de sus experimentos, que considerasen pertinente, mezclarse con la especie modificada genéticamente que disponía de un arma defensiva y ofensiva que les permitía sobrevivir con mayor facilidad en los diferentes medio ambientes de la Tierra.
¿Porqué «El artefacto« vino a parar al fondo del Océano Atlántico frente a lo que hoy es la Bahía de Maimón? Hay varias hipótesis posibles de porqué eso cayó aquí: a) que inadvertidamente se le cayó a uno de los seres arácnidos gigantes que lo tenía en las manos; b) que fue dejado caer deliberadamente porque el «desde dónde cayó« estaba tratando de ascender más para no caer precipitándose al mar o a tierra; c) que fue dejado caer deliberadamente porque el «desde dónde cayó« estaba tratando de ascender para superar la fuerza de gravedad terrestre para salir hacia el espacio exterior y el peso de todas las cosas que llevaban a bordo lo impedía. Por lo que en la segunda y en la tercera hipótesis, de haberse dado, es posible que hayan unos cuantos objetos más desperdigados; y si acaso esa nave espacial real y efectivamente cayó pudo haber caído o en el mar o en tierra. De ahí que tomando en cuenta la velocidad en que pudo estar desplazándose esa nave habría que hacer cálculos aproximados para poder proyectar las posibles áreas de las posibles zonas de impacto, repito: si es que se produjo el impacto.
Y d) «El artefacto« pudo haber salido despedido producto del impacto del disparo de un arma de guerra a la nave en que viajaban, realizado dicho disparo por otra raza alienígena o por algún grupo enemigo dentro de su misma raza.
Es posible que se salvara sólo ese artefacto u otro u otros artefactos u objetos iguales o distintos, todo está en el reino de la especulación, superar la cual ameritaría hacer un estudio amplio y muy detenido, con toda la tecnología disponible, de toda la zona alrededor del punto exacto donde se produjo el hallazgo y la extracción de «El artefacto«.
Podrían haber otras hipótesis explicativas de la caída, pero no me surgen otras en lo inmediato; ahora bien, los expertos en Física, Trigonometría y Cálculo quizás puedan generar esas otras hipótesis posiblemente faltantes.
Tras llegar la investigación a los puntos recién expuestos, y con las sensaciones de retraimiento y de sopor que me envolvían, consideré que ya debía de volver a mi país, a mi ciudad y, en efecto, regresé, pero pensando mucho a todo lo largo del viaje de retorno.
¿De dónde venían esos transportadores? ¿Hacia dónde iban? ¿De qué planeta procedían esos transportadores? ¿De qué galaxia vinieron? Lo que hacían en este planeta me parece que es lo que ya he expresado.
Si en el Universo existen más seres iguales o más o menos horribles que estos que obviamente nos visitaron entonces parece que el Universo es como un zoológico, mejor, como una selva de la cual nosotros también formamos parte. Eso me preocupa, pues en la selva se sabe que prevalece el más fuerte y está demasiado claro que los más fuertes no somos nosotros.
Estoy consciente de que si estos datos trascienden y son aceptados todo esto reescribirá la Prehistoria y la Historia. No me preocupan las consecuencias que todo esto pueda ocasionar en las creencias de las personas.
Ojalá y que estos datos trasciendan, pero a mí me interesa que trasciendan no porque yo quiera que se reescriban la Prehistoria y la Historia por un interés personal vanidoso sino porque me angustia enormemente el significado de lo que todo esto me transmite con una enorme fuerza que impacta y sacude mi consciencia, pues la preocupación de ese significado me atosiga y me agobia perturbando profundamente mi espíritu. No sé qué haríamos nosotros los humanos si de repente seres inteligentísimos, avanzadísimos, con esa morfología de brinco y espanto y con esa tecnología que nos lleva más de quinientos y pico de millones de años de avance, si esos seres de obviamente una súper civilización pese a su aspecto horroroso, vuelven a penetrar la atmósfera de este mundo y no con buenos propósitos para la raza humana. Creo que la prudencia de ustedes, y apelo a ella, debería de generar un contacto entre todos ustedes para que las instancias correspondientes de la Humanidad traten de prepararse del modo que consideren pertinente frente a la eventualidad de un encuentro con estos seres que me temo que para nada será evitable y que igualmente también me temo que no será agradable. No es que peque de pesimista ni de fatalista, pero mi profundo temor me lleva a dar el aviso de alerta. Desde que he puesto todo en perspectiva, la angustia, el miedo, el terror y el horror han anidado en mi mente y la dominan poderosamente.
Han transcurrido bastante cientos de millones de años desde que esa raza de otro punto del cosmos visitara este planeta, pero eso no significa que otros de sus iguales no vuelvan o no volverán… El espacio exterior está ahí, el punto o los puntos por donde antiguamente sus iguales penetraron a este planeta están ahí… Todo esto es perturbador, sencillamente perturbador. Mi vida ya no es mi vida: me acuesto sumergido en el miedo de qué pasará a la mañana siguiente, de si me despertaré para encontrarme con la pesadilla de la vuelta de seres de esa raza tan ostensiblemente fea, horrorosa y de cuál será su actitud frente a nosotros los humanos. La angustia me ahoga.
No sé si a estas alturas alguno de ustedes, que tan gentilmente colaboraron conmigo y con la investigación, han filtrado o comunicado a algún estamento importante los datos respectivos que sobre el particular, y por separado, ustedes han manejado.
Gracias por su atención.
Atentamente,
Miguel Andrés Severino,
Profesor de Biología«.