gregory castellanosPor Lic. Gregory Castellanos Ruano

Señor:

Ministro de Defensa de

la República Dominicana.

Su Despacho.

Asunto: Informe pormenorizado, solicitado directamente por Usted por la vía telefónica a quien suscribe, en torno a los hechos acontecidos en Puerto Plata.

Saludos respetuosos Señor. Tal como me lo solicitó Usted esta es la crónica-informe de los terribles acontecimientos que tuvieron lugar el pasado mes de Septiembre en la ciudad de Puerto Plata durante esta mi estadía como Comandante de la Fortaleza San Felipe de Puerto Plata.

3 de Septiembre:

A las cinco horas de la tarde (5:00 PM) muchos ciudadanos de esta localidad vieron pasar por el cielo de Puerto Plata un meteorito, que, con su fuego iluminó todo el cielo aún más de lo que lo ilumina la normal luz del día, así como también vieron su estela de humo cursando una trayectoria de Norte a Sur a una altura de unos cuatrocientos o quinientos pies de altura con un poderoso rugido y una velocidad enorme y hasta cierto calor de su fuego se dejó sentir en las cercanías de su trayectoria, yendo a caer aquel bólido de fuego en la hondonada de Las Lomas de las Bestias, en la parte Oeste y próximas a la ciudad, causando una explosión y subsiguientemente se esparció sobre todo el cielo puertoplateño una tenue nube grisácea que lo cubrió durante un tiempo cuya duración empezó a causar preocupación.

Noticiado del acontecimiento encabecé una patrulla que hice formar rápidamente en la fortaleza a mi cargo y nos dirigimos en dos jeeps: uno por el lado Este de la comunidad llamada El Cupey y el otro por el lado de Las Lomas de las Bestias, en este último iba yo. Ambas patrullas estaban dotadas de varios radios walkies talkies de la banda de 2 metros. Nos acercamos a una distancia de unos quinientos metros que nos permitía divisar claramente el pequeño cráter formado por el impacto. El aire se sentía ligeramente viciado por lo que todos nos amarramos pañuelos sobre la cara. Di orden de que dos hombres con fusiles se quedaran a trescientos (300) metros de distancia del mismo por este lado con un radio walkie talkie; y por la misma radio dí la orden a quienes se fueron por el lado de El Cupey para que dos de los hombres de esa otra patrulla se quedaran, desde ese otro lado, también a trescientos (300) metros de distancia del cráter e igualmente con un walkie talkie. Cuando retorné a la Fortaleza San Felipe inmediatamente instruí al radio operador para que le comunicara a la Jefatura de Estado Mayor del Ejército la novedad de la caída del meteoro y la solicitud de que fueran localizados expertos en la materia para que vinieran a analizar lo caído.

 

4, 5 y 6 de Septiembre:

Durante estos tres (3) días seguidos con sus respectivas noches se mantuvo una vigilancia en la forma señalada y cada ocho (8) horas iban dos jeeps por dichos respectivos lados a substituir a los hombres que estuviesen de guardia y a reemplazar las baterías de los walkies talkies en ambos lugares aledaños a dicho cráter, todo con el propósito de que los curiosos no pasaran al sitio exacto donde se produjo el impacto y a la espera de que desde la ciudad capital, Santo Domingo de Guzmán, llegaran las personas versadas en este tipo de fenómeno que el Superior Gobierno designase al efecto para analizar lo caído del cielo.

Desde el Departamento de Comunicaciones de la Fortaleza San Felipe los radio-operadores mantenían contacto con los hombres encargados de la referida vigilancia.

Durante esos tres (3) días, es decir, durante los días cuatro (4), cinco (5) y seis (6) de Septiembre se produjo un extraño fenómeno: una cantidad inmensa de pulpos hembras de todos los tamaños fueron capturados en la bahía de Puerto Plata. Según las informaciones recibidas nunca se había visto tal cantidad de pulpos en Puerto Plata, todo un enorme tropel de pulpos, a toda velocidad; hasta rebullían  a plena vista en el agua, se encaramaban unos sobre otros tratando de sobrepasarse; los pulpos se dirigían hacia el casi inexistente Río San Marcos, se agolpaban allí en cantidades inmensas tratando de pasar hacia él para remontarlo; todos los que presenciaron aquel fenómeno lo atribuyeron a que se trataba de alguna emigración masiva de ellos para aparearse o estaban tratando de escapar desesperadamente de algún gran peligro que habían advertido en las profundidades submarinas y que por eso se aparecieron en tan gran cantidad en la bahía del puerto de Puerto Plata.

Aquello era aprovechado por pescadores y moradores de los barrios más cercanos quienes se dedicaron a capturar y matar la mayor cantidad posible para llevarlos para sus casas para alimentarse con dichos animales marinos y expandida la noticia por toda la ciudad de inmediato otras miles de personas iban al delta de dicho río con la bahía del puerto de Puerto Plata con recipientes y sacos de todas índoles para capturar pulpos. Muchos grupos de ciudadanos colocaron respectivas numerosas mallas en diferentes lugares de dicho río para lograr capturar dichos pulpos, de ahí que con gran facilidad podría pensarse que muy difícilmente alguno de dichos moluscos pudiese haber llegado a donde pudiesen haber querido llegar. Se supo que eran hembras porque varios pescadores locales conocedores de los pulpos dijeron que todos los que capturaron ellos eran de ese sexo, que no había uno sólo que fuese varón; y que lo mismo ocurrió con los examinados por ellos capturados por otras personas.

Al parecer, aquella aparición súbita y tan desbordada de pulpos hembra era un aviso de que algo andaba mal pero se carecía de elementos para analizarlo.

7 de Septiembre:

Este día amaneció despejado el cielo de la tenue nube grisácea que se esparció sobre toda la ciudad; y a eso de las diez de la mañana (10:00 AM)  se perdió todo contacto radial con los hombres destacados en ese momento en las cercanías del cráter causado por el meteoro.

Unos quince (15) minutos después de ser oficial dicha pérdida de contacto radial en la fortaleza empezamos a recibir llamadas de preocupación y de desesperación provenientes de los sectores poblacionales de la ciudad más próximos a las cercanías del cráter informándonos de que surgió lo que parecía ser  un viento porque se escuchaba un ulular frenético y constante y que ese viento halaba hacia el cielo a ciudadanos que luego desaparecían.

Alarmado con las extrañas noticias sobre esos «ciudadanos que desaparecían« ordené que un jeep con chofer y cuatro hombres armados me recogiese de inmediato para aproximarme al lugar de la última de las llamadas con el reporte referido.

Al aproximarnos a la entrada de San Marcos, un pequeño poblado existente a lo largo de parte del camino Oeste hacia la loma Isabel de Torres, todos nosotros empezamos a ver a la distancia cómo personas subían hacia el cielo como si fueran haladas rápidamente por algo y a una altura de unos cien o ciento veinte pies desaparecían de repente y aquella escena era acompañada de la producción de un ulular espantoso, cada sujeto era halado por la succión y rápidamente llevado arriba donde desaparecía por aquel viento demoníaco que sonaba, pero lo extraño era que no soplaba viento alguno en el cielo, la impresión que daba era de que si acaso soplaba el soplo sólo era para halar a las personas que halaba.

El fenómeno era múltiple, pues tras desaparecer las personas de la vista inmediatamente se oían gritos fortísimos, alaridos de dolor, en el sentido estricto de la palabra, con el sonido de huesos quebrados.

A cierta distancia pudimos observar que de nada les valía a muchas personas arrojarse al suelo de bruces, pues lo que fuese aquello succionaba a todo ser humano, lo llevaba hacia arriba y lo desaparecía.

No veíamos más nada, pero llegamos a efectuar disparos, creo que más por instinto que por otra cosa, hacia el punto del cielo donde vimos la última ascensión y desaparición y de repente todo entró en calma. Pudimos hablar con algunos de los aterrorizados vecinos de ese lugar informándonos temblando cada uno que éllos habían visto por lo menos a unas doscientas cincuenta personas ser haladas y desaparecidas bajo el horrible ulular y que por ese sonido éllos creían que se trataba de un viento que se había llevado a todas ésas personas a algún lado. Encargué al Sargento del grupo de investigar exhaustivamente cuántas personas con precisión habían desaparecido en todo ese sector; al culminar la indagación el resultado que arrojó la misma fue espeluznante: unas dos mil personas habían sido succionadas y desaparecidas.

Terminada la investigación al respecto di la orden de dirigirnos hacia los puntos donde fueron colocados los guardias con los cuales se perdió contacto radial. A lo largo del trayecto observamos la ausencia de personas hasta que llegamos al punto de Las Lomas de Las Bestias y allí no había ningún militar; decidí que siguiéramos el trayecto  directo hacia el otro punto que habíamos militarizado y tampoco se veía guardia alguno ni persona alguna por ningún lado. En los dos puntos mis subalternos vocearon tratando de obtener respuesta de los militares desaparecidos, pero todo esfuerzo fue en vano. Decidí que nos devolviéramos para ir a la fortaleza e informar a la Jefatura de Estado Mayor del Ejército de todo cuanto habíamos presenciado. El radio operador de turno informó a las autoridades militares superiores sobre todo esto y lo que se obtuvo por respuesta fueron unas risas del radio operador con el que se inter actuaba: creía que era una broma o relajo de mal gusto de parte nuestra.

Igualmente se me comunicó en la fortaleza la información de que millares de pulpos hembras de todos los tamaños seguían siendo capturados en la bahía de Puerto Plata al tratar de remontar el río San Marcos.

8 de Septiembre:

Cerca de la misma hora de la mañana en que el día anterior fuimos informados de lo precedentemente narrado del «viento«, de su ulular, de la subida de personas hacia el cielo y la posterior desaparición de éstas, nuevamente empezaron a llover llamadas informando sobre el mismo fenómeno; esta vez las llamadas procedían de un lugar que abarcaba desde exactamente el mismo punto donde el «viento« había terminado de hacer de las suyas el día anterior hasta una buena parte de las casas y casuchas de la parte Norte del barrio Gregorio Luperón al lado de la autopista de entrada y salida de la ciudad.

Nuevamente encabecé otra patrulla a bordo de otro jeep y cuando llegamos al sitio donde se estaba produciendo aquel extraño fenómeno pudimos ver el mismo espectáculo: gentes haladas hacia el cielo, desapareciendo de la visión nuestra a una altura de unos cien o ciento veinte pies y el mismo fortísimo y espantoso ulular que parecía ser la expresión de que algún viento soplaba en el cielo.

Volvimos a disparar hacia el punto en que se produjo la última de las desapariciones de los succionados coincidiendo con la misma situación que se produjo el día anterior: se produjo de inmediato una calma absoluta. Y de los habitantes de aquel lugar que se escondieron salieron algunos temblando tras escuchar nuestras voces pidiéndoles a todos que se acercaran, que éramos el Ejército Nacional y que queríamos saber qué había pasado. Encargué al nuevo Sargento que me acompañaba en esta segunda ocasión de indagar y al final éste en su reporte indicaba que de conformidad con su investigación estaban siendo reportadas como desaparecidas unas dos mil personas. El estrago se produjo a lo largo del espacio  que va desde la salida del poblado de San Marcos hasta el punto de entrada a la ciudad llamado La Javilla. Nuevamente desde la fortaleza reportamos por radio el fenómeno y nuevamente la reacción fue la misma: que creían que era una broma o relajo de mal gusto de parte nuestra.

Igualmente se recibió en la fortaleza la información de que millares de pulpos hembras de todos los tamaños seguían siendo capturados en la bahía de Puerto Plata al meterse en el delta para tratar de remontar el río San Marcos.

 

9 de Septiembre:

Nuevamente poco después de las diez de la mañana (10:00 AM) la fortaleza fue inundada de llamadas reportando el mismo fenómeno, pero esta vez las llamadas provenían de un espacio que se extendía desde La Javilla hacia lo largo de la calle Separación que es la calle de entrada a la ciudad. Esta vez salí con dos patrullas a bordo de sendos jeeps del Ejército con chofer y cuatro hombres armados con fusil cada uno y yo en uno de dichos jeeps. Cuando llegamos a la calle Separación esquina Antera Mota vimos como varias personas eran respectivamente elevadas por el aire y desaparecían en medio de gritos terribles de dolor. Al ver lo acontecido con el que resultó ser el último levantado por el aire accionamos nuestras armas y disparamos hacia el punto del cielo donde había desaparecido y de inmediato se produjo el mismo silencio que se había producido en los dos días anteriores tras ocurrir la misma situación. Los dos sargentos que me acompañaron procedieron, por orden mía, a investigar y nuevamente los desaparecidos rondaban por los dos mil. De vuelta en la fortaleza se reportó por radio el fenómeno y otra vez la misma reacción: creían que era una broma o relajo de mal gusto de parte nuestra.

Igualmente se recibió en la fortaleza la información de que millares de pulpos hembras de todos los tamaños seguían siendo capturados en la bahía de Puerto Plata al tratar de remontar el río San Marcos.

Parecía tratarse de un «viento« que no era viento y que estaba vivo, que tenía vida propia y que estaba haciendo desaparecer gentes.

Esta vez hablé a través de los medios de comunicación locales informándoles a los ciudadanos el dato de que el fenómeno ocurría poco después de las diez de la mañana, que yo les pedía a ellos que a partir de esa hora se recogieran en sus casas, para que las calles se despejaran, se hicieran fantasmales; por lo que a partir de ahí la comunicación entre ellos debía hacerse sólo por teléfono, por radio y por televisión y los traslados físicos para ir o venir a equis sitios fueran paralizados.

Les solicité a todas las autoridades civiles y militares de la ciudad que nos reuniéramos en la Fortaleza San Felipe de Puerto Plata a eso de las dos y treinta de la tarde (2:30 PM); allí analizamos la situación del comportamiento del extrañísimo fenómeno que se había enseñoreado del cielo de Puerto Plata y llegamos a varias observaciones comunes y la más consolidada de todas era la de la hora aproximada a partir de la cual el mismo se producía.

Al tocarme hablar les razoné a todos los allí presentes lo siguiente:

-Al estudiar el conjunto de datos obtenidos aunados a los que yo particularmente pude observar directamente, he ponderado y he llegado a las siguientes conclusiones que les expongo a continuación: esto ulula fuertemente y eso sólo lo hace el viento; hala gentes hacia el cielo y eso sólo lo puede hacer un viento poderoso, pero fuera del ulular y de halar personas hacia el cielo no hay ninguna otra manifestación como tal viento, pues no se siente más nada, nadie siente más nada en los respectivos lugares donde se ha producido la situación; y otros dos puntos que me resultan extraños es que las personas desaparecen a un cierto nivel de altura pegando unos gritos de dolor espeluznantes y se escucha como si huesos fueran quebrados. Puedo estar totalmente equivocado, pero tengo la impresión de que esto no es ningún viento, que algo invisible aprovecha esa invisibilidad y desaparece seres humanos y se escuchan fuertes gritos de dolor lo mismo que crujidos de huesos como si se procediese a romper los mismos; es decir, se escuchan fuertes gritos de dolor y crujir de huesos como el que produce una fiera cuando con sus mandíbulas destroza a una víctima. Tengo un mal presentimiento respecto de lo que sea con lo que nos estamos enfrentando y me huele que es algo totalmente desconocido para nosotros los seres humanos, a menos que se trate de algún experimento que esté realizando alguna súper potencia y haya tenido la ocurrencia de usarnos a nosotros como conejillos de Indias o que ese experimento se le haya salido de control produciéndose todo lo alarmante que se está produciendo en este pueblo. Son cavilaciones, conjeturas mías todo lo que digo, y lo digo porque lo más parecido que conozco a esta forma de captura es la de un camaleón sudamericano, que creo que es ecuatoriano, que dispara su lengua, una lengua larga, esta se pega a la presa y la hala con la misma velocidad: la única diferencia es que lo que lanza este «viento« terrible es algo, no sé qué cosa, que al caer sobre su víctima la succiona hasta desaparecerla en lo que parece ser su interior y digo su interior partiendo del supuesto de que sea algo invisible ya que después de los terribles gritos de dolor que se escuchan se oyen huesos rompiéndose y lo único que yo conozco que rompe huesos humanos son las fieras, es decir, los leones, los tigres, las panteras, los jaguares, los leopardos, etcétera; pero no se logra ver algo: todo en el cielo permanece igual. Creo que a lo que nos enfrentamos es algo que tiene inteligencia, pues se retira tras obtener unas dos mil (2000) víctimas humanas y al otro día ataca a partir del punto en que el día anterior terminó su ataque, o sea, realiza su nuevo ataque a partir de ahí; de manera que yo particularmente creo que lo que sea que sea esto descarta los puntos primeros que ya ha atacado y comienza a atacar en un punto nuevo a partir del anterior o último.  Creo que debemos dejar de permanecer de brazos cruzados porque estimo que hay premura en lograr no la captura, sino la aniquilación de esto que succiona gentes, seres humanos, y no a ningún otro ser viviente, pues hasta ahora nadie ha visto que succione animales ni existe reportada la desaparición de animal alguno. Para mí que estamos en una lucha contra el tiempo, pues lo que sea esto que anda sobre nosotros en el cielo si no logramos contenerlo  no habrá forma de impedir que extermine a la población humana de Puerto Plata. A las demás autoridades militares y a las localidades que por teléfono y por radio les he pedido auxilio reaccionan pensando que se les está tratando de gastar una broma, que esto es un relajo y por eso no prestan atención a dichos pedidos de auxilio; para ser más claros: estamos ante una situación de abandono, de desamparo, que, al menos en quien esto les informa, me llevó a la convicción de que el problema es totalmente nuestro y que, por lo tanto, si no lo resolvemos nosotros moriremos todos aquí en Puerto Plata. Aparte de que el objetivo esencial es destruir lo que fuere que fuese eso que está succionando a las gentes previamente debemos saber a qué nos enfrentamos ya que no sabemos si hay varias o muchas «cosas« iguales o si las habrán, por lo que lo único que se me ocurre para lograr visibilizar a ese «algo« o «cosa« es echarle pintura de algún color para ver de qué se trata. Creo que la pintura que debe usarse no puede ser de color azul ni de color blanco para evitar que siga lo que parece ser o podría ser un mimetismo con el cielo azul y con las nubes; creo que debemos  de usar pintura de color negro mezclada con una sustancia abrillantadora para que el brillo o refulgencia pueda ser divisado en horas de la noche. Les propongo el siguiente plan:…

Después de explicarles con detalles mi plan terminé diciéndoles:

-Si me equivoco en todo esto que estoy especulando, pero que lo hago sobre la base de los hechos analizados, perderemos sólo el tiempo de probar la solución que propongo y quizás, también, las vidas de quienes participemos directamente tratando de implementarla. Tengo la absoluta certeza de que hay algo en el cielo de Puerto Plata que no podemos ver, algo extraño, que para nosotros es invisible.

Dicho plan expuesto por mí fue aprobado a unanimidad por todos los allí presentes (de toda forma no tenían ninguna otra opción: el miedo que tenían estaba retratado de manera patente en sus rostros). Ultimados los detalles sobre todo lo convenido procedimos a ejecutar el plan: inmediatamente pusimos manos a la obra y dentro del enorme peligro en que todos, sin excepción, en Puerto Plata estábamos expuestos mandé a que cuarenta (40) camiones grandes recogiesen toda la pintura negra que existiera en las ferreterías de la ciudad; lo mismo que el material brilloso con el cual la pintura negra sería mezclada, así como también una buena cantidad de disolvente para impedir que la pintura se solidificara en el interior de los recipientes en que sería finalmente colocada para que la operación a realizar no sufriera bloqueos por coagulación o solidificación de la pintura, cuestión de que esta fluyera con facilidad. Una vez incautadas toda la pintura negra, todo el químico brillante y el disolvente en cuestión en el mercado ferretero de la ciudad puse a todos los hombres bajo mi mando en la fortaleza a mezclar la pintura con el elemento abrillantador con una cierta proporción del referido disolvente. Una vez culminada esta operación todos los camiones de bomberos de los diferentes cuerpos de bomberos de la provincia de Puerto Plata, que también por orden mía fueron reunidos en la fortaleza, procedimos, militares y bomberos, a llenar dichos camiones de bomberos con la pintura negra abrillantada y con la dosis de disolvente conformante de dicha mezcla. Así mismo mandé varias de las unidades militares bajo mi mando al hospital público y a las clínicas privadas a recoger los cadáveres de todas las personas muertas que tenían en su poder. Y a otras unidades militares les encargué recoger en todas las tiendas telas de diferentes colores que les indiqué con precisión. Otras unidades procedieron a recoger en sus respectivas casas a un grupo de operarios textiles de una de las fábricas de la Zona Franca Industrial, al mismo tiempo varios camiones fueron cargados en dicha Zona Franca Industrial con máquinas de coser industriales y los materiales necesarios para implementar el plan y dichos camiones transportaron todo eso a la fortaleza y allí se trabajó hasta altas horas de la noche.

 

 

 

10 de Septiembre:

Este día procedimos a ubicar próximo al último lugar conocido en que fueron succionados habitantes del pueblo, un jeep al descubierto con seis cadáveres sentados en él.

A los cuerpos de dichos muertos ordené que se les untara sudor humano para evitar un eventual rehusarse del «algo« a succionarlo. Para ello los soldados de la fortaleza habían procedido el día anterior en horas de la noche a hacer el ejercicio llamado «marinero« hasta el agotamiento mientras un soldado con un paño se lo pasaba a los cuerpos de los soldados envueltos en la práctica para recoger así el sudor de cada uno de ellos y de esa forma lo iba almacenando en un recipiente sobre el cual apretaba el paño para que el sudor cayese en dicho recipiente.

Así, en la esquina formadas por las calles Separación con Duarte se colocó esa carnada y cuatro (4) grupos fueron apostados por mí de la manera siguiente: un primer comando camuflado con ropas que combinaban con los adoquines del Parque Central y de dichas dos calles se ubicó en esa esquina del parque; próximo a dicha esquina sólo habían algunos árboles gruesos, que fue de donde fueron amarradas o ancladas resistentes cuerdas de nylon que terminaban en ganchos de hierro (garfios) de cuatro puntas  o garfios cuádruples; pero también se tuvo el cuidado de reforzar ese amarre extendiendo las cuerdas de nylon usadas hasta la glorieta de dicho Parque Central, amarrándolas también alrededor de esta, todo previendo yo cualquier eventualidad.

El segundo comando se ubicó en la esquina de la propiedad en que vivió la familia Bordas, camuflados sus integrantes con ropas del color blanco-grisáceo de las paredes de dicha propiedad y pegados a dichas paredes de tal manera que eran difícilmente perceptibles.

En la propiedad de la familia Bordas se usó  para amarrar las resistentes cuerdas de nylon que terminaban en los garfios cuádruples un antiguo «poste de luz« de hierro que en los años cincuenta del pasado siglo XX había sido instalado allí con una ancladura cuadrada profunda de cemento con el propósito de usar dicho «poste de luz« como soporte de una antena de recepción para televisión de VHF. Ahí se tuvo el cuidado de asegurar más dichas cuerdas de nylon amarrándolas de las puntas de hierro que existen sobre toda la parte superior de la pared que colinda inmediatamente con las calles Separación y Duarte.

Estos dos comandos tenían por objeto disparar los referidos ganchos de hierro (garfios) de cuatro puntas para que los mismos se engancharan de lo que, aunque invisible, parecía ser, según mi sospecha, algo a través de lo cual se halaba a las víctimas. Para el lanzamiento de dichos ganchos de hierro o garfios tuve el cuidado de seleccionar a los mejores lanzadores de los mismos, por ser los más certeros, y los dividí entre dichos primer y segundo comandos.

Un tercer comando se ubicó en el techo del edificio de la antigua Sociedad Fe en El Porvenir, hoy Casa de la Cultura, y sus miembros estaban camuflados con el color rojo de la pintura del techo de zinc de la misma. El edificio de la antigua Sociedad Fe en el Porvenir, hoy Casa de la Cultura, es un edificio remozado de madera, de estilo victoriano de los años de la década del ochenta del siglo XIX, cuenta con tres pisos que totalizan unos cuarenta a cincuenta pies de altura. Este tercer comando estaba compuesto, por una parte, por bomberos para dirigir las mangueras y, por otra parte, por militares todos con ametralladoras calibre 50.

Y un cuarto comando estaba compuesto también por bomberos para dirigir las mangueras y por militares todos con ametralladoras calibre 50; este último comando fue apostado sobre la parte del techo de la Catedral San Felipe de Puerto Plata que hace esquina con la calle Separación y con la calle Duarte. El edificio de la Catedral es un relativamente moderno edificio de cemento pintado de un amarillo tenue, según me informaron fue construido por allá por el año mil novecientos cuarenta y siete (1947). Es bastante alargado de Este a Oeste; con un buen ancho de Sur a Norte; y con una altura de unos cuarenta a cincuenta pies, excepto en sus torres que tienen unas alturas superiores a las ya mencionadas. Este cuarto comando vestía un uniforme del mismo color amarillo tenue con que está pintada la Catedral. Los cuatro comandos estaban bajo mi orden y manteníamos contacto por radio para recibir mis instrucciones y órdenes. Yo estaba con el comando que se posicionó sobre el techo de la Catedral.

Todos los camiones de bomberos fueron alineados sobre las aceras, es decir, pegados ras con ras de las paredes de la Fe en El Porvenir y de las paredes de la Catedral y las mangueras a usarse fueron convenientemente subidas a dichos dos respectivos techos; a los bomberos que no iban a estar en los techos se les dio la orden de que debían permanecer ocultos bajo sus camiones y comunicados por radio hasta llegado el momento de ellos tener que accionar las bombas impulsoras de dichos camiones de bomberos para que las mangueras tenidas por sus compañeros en los techos pudieran funcionar. Habíamos tomado muy en cuenta la hora a partir de la cual aquello se dejaba sentir llevándose humanos hacia el cielo. Todo estaba listo y todos, aunque muy nerviosos, estábamos atentos a nuestros relojes. Llegada aquella hora, las diez de la mañana (10:00 AM),  no pasaron más de quince minutos para que se empezara a escuchar aquel tremendo ulular. De repente fue obvio que lo que aquello fuese había fijado su atención sobre el jeep con los seis cuerpos a bordo simulando posiciones propias de personas vivas, pues el ulular se sentía emanar de la parte del cielo arriba de aquella convergencia de esquinas en la cual estábamos posicionados e inmediatamente vimos como uno de aquellos cuerpos sin vida comenzaba a moverse, lo cual fue la señal para yo ordenar por radio al primer y al segundo comandos disparar los ganchos, los cuales, tras ser disparados, se vieron suspendidos en el aire evidenciando que se habían enganchado de algo; al eso ocurrir sonó nuevamente el ulular, pero esta vez con una potencia que, comparada con el nivel de decibeles de las veces anteriores que yo lo había escuchado, quintuplicó aquel terrible sonido que se producía ya directamente arriba de nosotros, sobre nuestras cabezas. Parecía como si los ganchos hubiesen herido a una criatura salvaje y que esta gritaba de dolor; ipso facto impartí por radio la orden de que los bomberos dirigieran sus enormes mangueras hacia lo que pudiera estar arriba y lanzaran la pintura, cosa que hicieron y rápidamente se vio la pintura negra brillante irse desparramando en el aire y cobrando la forma de aquello sobre lo que se desparramaba, de tal suerte que lo que antes era imperceptible para nuestros ojos comenzó a verse: todos nos estremecimos al ver lo que vimos, pues al poder ver lo que antes no podíamos ver se pudo apreciar de inmediato su siniestra fealdad inconmensurable. Tenía un aspecto fantástico, pero horripilante, de pura pesadilla.

-¡Santo Dios, es un pulpo, un maldito pulpo feísimo!    -Exclamó fuertemente, pero con voz sumamente temblorosa, uno de los del grupo colocado encima de la Sociedad Fe en el Porvenir.-

-¡Coño! ¡Qué vaina más fea!   -Gritó otro con un tono de terror inmenso, el mismo terror inmenso que nos hacía temblar de miedo a todos.-

Hubieron otras tantas exclamaciones de horror y espanto entre los hombres de los comandos que estábamos allí presenciando aquello boquiabiertos.

Efectivamente era un monstruoso pulpo,  excesivamente horrendo, un pulpo descomunal por poseer unas proporciones inimaginables, muy superiores a las de los excepcionales pulpos gigantes que existen en el planeta Tierra por conocimientos rudimentarios de Zoología. La fealdad natural del rostro del pulpo allí estaba tan acrecentada que la situación que creaba era la de una escena de auténtico y muy destilado terror.

¡Era un pulpo feísimo y extraño lo que había estado volando sobre el cielo de Puerto Plata! Y en ese momento estaba sobre nosotros en esa esquina, a unos sesenta pies de altura respecto del suelo, tratando de zafarse de los ganchos que lo atenazaban. ¡Era una horrorosa figura de pesadilla!

Si inmenso era el pulpo no menos inmenso era el horror que su visualización inspiraba; si bien yo sospechaba que se trataba de «algo«, no obstante no creo haber estado mentalmente preparado para ver lo que estaba viendo y mucho menos todos aquéllos hombres bajo mi mando que simplemente se limitaron a ejecutar mis órdenes.

El misterioso secreto detrás del ulular había quedado desvelado e igualmente se empezó a comprender lo que había estado ocurriendo en los días anteriores.

¡Un ser que era un pulpo! Pero era un pulpo extraño, pues carecía de tentáculos: bajo su cabeza tenía una redonda y extensísima falda como la de una medusa, pero no era vertical como el cuerpo de una medusa ordinaria sino a modo de sombrilla redonda horizontal, y la visualización del conducto aprisionado por los garfios que le fueron disparados indicaba que cuando descendía de la altura en que estaba para atacar a su víctima le salía por el centro de dicha extensísima falda esa especie de tubo o conducto succionador de por lo menos un metro de espesor y de unos sesenta pies de largo a través del cual la succionaba y con su poderosa succión la víctima era absorbida fatalmente haciéndola llegar hasta su interior desde el cual se oían los crujidos de los huesos y los consiguientes ayes de terrible dolor. Dicha largura del conducto indicaba que la criatura horrorosa en cuestión descendía hasta esos sesenta pies de altura para sorber a su víctima y que inmediatamente esta entraba a dicho conducto el monstruo se elevaba unos cuarenta o sesenta pies de altura como medida precautoria de seguridad para comérsela tranquila. Su cabeza tenía unos treinta metros, es decir, unos noventa pies de alto y era alargada hacia atrás en la forma típica de los pulpos; ese alargamiento hacia atrás tenía unos otros cuarenta metros. La referida sombrilla redonda horizontal debajo de la cabeza tenía unos sesenta pies de diámetro.

El ulular, pues, no se producía por el viento: era un sonido que lo producía aquel extraño animal, aquel pulpo horrible, aterrorizante; así como un perro ladra o un gato maúlla, así mismo dicho horroroso pulpo increíble profería un sonido que entre nosotros era el sonido de un ulular extremo. Pero esta vez era evidente que su sonido aparte de sentirse más potente también tenía un claro tono de dolor clavado, que aquel monstruo gigante daba saltos convulsivos, desesperados intentos convulsivos tratando de zafar lo que evidentemente era un conducto retráctil que en ese momento estaba fuertemente atenazado por los garfios que se le habían disparado. Me parece también que su visión fue momentáneamente interrumpida por haber caído en sus ojos parte de la pintura negra brillante que le fue disparada.

El atemorizante sonido ininterrumpidamente emanado de la criatura que se agitaba tratando de zafarse de la trampa tendida fue gigantesco y aquella fisonomía tan tremendamente horripilante excitaban el instinto de todos nosotros querer retroceder impulsados por el horror.

En la medida en que el pavoroso pulpo luchaba por zafarse de los garfios de hierro daba vueltas en círculo y eso permitía que la pintura negra brillante que se le estaba tirando se desparramara sobre su cabeza entera, eso fue lo que nos permitió apreciar las dimensiones colosales de algo que creo que nunca antes hombre alguno haya visto.

Después de ver aquella figura aterrorizante luchando por zafarse de los garfios de hierro que la aprisionaban a tierra me sobrepuse y para romper la petrificación de los demás integrantes de los comandos procedí a impartir por radio la orden al comando tercero (y el cuarto, por estar yo en el mismo, me escuchó directamente) de que dispararan con las ametralladoras calibre 50; el tableteo de estas, desde dos ángulos, fue ininterrumpido: vomitaban sus balas y estas iban a alojarse en el cuerpo de aquel monstruo. Tras el intensísimo ataque en su contra el monstruo se desplomó estrepitosamente cayendo desde el cielo a lo largo de la calle Duarte en la dirección Este de donde estábamos, pues no pudo zafar el tubo succionador de sus víctimas. Su cuerpo gigantesco al caer en medio de la calle Duarte también arropó varias viviendas y edificios ubicados en dicha calle.

Para cerciorarnos de que aquella criatura monstruosa estuviese muerta ordené a todos los militares que estaban arriba de aquellos dos techos que bajaran con sus ametralladoras calibre 50 para ir todos los militares a aproximarnos a aquella criatura siniestra y horripilante para rematarla si era necesario; con gran velocidad me encaminé con ellos hacia la cabeza de aquel ser horrible y una vez sobre él y frente a lo que yo entendía debía de ser la parte que alojaba su cerebro les ordené a dichos portadores de esas ametralladoras que le dispararan nuevamente para cerciorarnos de su muerte. Terminada dicha operación procedí a examinar la parte que unía el conducto succionador con la cabeza y pude apreciar que este ser horroroso tenía varias hileras de enormes dientes trituradores que era lo que explicaba el porqué del crujir de huesos de sus víctimas humanas y los consiguiente gritos de dolor, lo cual confirmaba mi hipótesis inicial.

Abierta a profundidad la carne de aquel ser espantoso y llegados a sus vísceras pudimos apreciar en su interior una gran cantidad de huesos humanos y carne humana que estaban en el aparato digestivo del ser en cuestión: eran las consecuencias de una carnicería cometida contra humanos por aquella criatura abominable. Era claro que de esa manera habían muerto los seis mil cuatro (6,004) desaparecidos que pudimos precisar.

Poco después, estando todavía en ese lugar, nos enteramos de que muerto aquel ser espantoso los pulpos hembras habían dejado de seguir intentando remontar el río San Marcos y que habían desaparecido por completo internándose en las profundidades del agua marina.

Para mí todo cobró completo sentido.

Mis preguntas, creencias y sugerencias:

El fortísimo, atronador ulular resultó  que no era producido por el viento, sino por una criatura proveniente de otro mundo que en estado germinal había viajado en el meteorito que impactó en la hondonada de Las Lomas de las Bestias en la parte Oeste de esta localidad de Puerto Plata.

¡Se escuchaba tan tremendo ulular y no se sentía viento alguno! Se trataba de un «viento« que era un ser proveniente de algún planeta de algún lugar profundo del espacio que viajó dentro de ese meteorito. ¡Sabrá Dios de cuál parte de los abismos del Universo procedía este monstruo! Pues definitivamente no era un ser de la Tierra, para mí que era un ejemplar de un antepasado de sus más cercanos o parecidos en la Tierra desde antes de estos últimos adquirir la fisonomía que presentan actualmente.

¿Los pulpos son descendientes de esta especie inter estelar? ¿Es que en alguna otra época anterior este planeta recibió una o algunas visitas similares y esos visitantes evolucionaron hasta las especies de pulpo que conocemos?

Por el gran parecido con los pulpos actuales me atrevo a insinuar que sí, que hace muchos millones de años atrás estos seres estuvieron aquí en una época en que todavía no había vida animal sobre la faz de nuestro planeta y que para poder sobrevivir tuvieron que adaptarse al agua de mar de los océanos del mismo.

El pulpo monstruoso afortunadamente matado por nosotros adoptaba el color azul del cielo, por eso era invisible.

Comprendí que su silbido estremecedor era una especie de aullido o de rugido de aquel monstruo que se enseñoreó del cielo de Puerto Plata.

No sé cómo se reproduciría, pero parecía que este monstruoso pulpo flotante o volador tuvo comunicación telepática con los pulpos hembras del mar que trataban de remontar el río San Marcos y que su llamado era lo que producía que todos esos pulpos hembras procedieran a realizar esa travesía. Es decir: ¿Algún mensaje o comunicación telepática entre todos los pulpos hembras y el pulpo extraterrestre? No tengo la menor de las dudas…

Pienso que eso y no otra cosa fue lo que debió mover a semejante cantidad enorme de pulpos hembras a tratar de salir por la bahía de Puerto Plata para abrirse paso hacia la dirección del lugar donde cayó el meteorito, pues el río San Marcos pasa muy cerca del lugar de su impacto.

¿Aquel pulpo monstruoso llamó a los pulpos hembras menores para aparearse para crear un imperio de dominación de su especie sobre este planeta? ¿Para qué otra cosa? Si eso se reproducía pasaría a ser la cabeza de la cadena alimenticia.

No hay quien me despeje esa sospecha de que todos esos millares y millares de pulpos hembras que intentaban remontar el río San Marcos (que a partir de cierto nivel tiene aguas preeminentemente dulces, lo cual hacía más sorprendente todavía aquella travesía) buscaban de alguna manera aparearse con aquel gigantesco pulpo evidentemente de una especie primigenia que en algún momento en este planeta varió al evolucionar perdiendo los dientes que se transformaron en el pequeño «pico de cotorra« con que los actuales pulpos trituran a sus víctimas; así mismo perdiendo la sombrilla horizontal y adquiriendo tentáculos producto de la transformación en estos de aquella sombrilla.

Supongo que hemos librado a la Humanidad de un gravísimo peligro, por lo menos en lo inmediato… Espero que otros meteoritos portadores como el que cayó aquí no hayan caído en otras partes del planeta…

Si mi sospecha del apareamiento (que no me la quita nadie) fuese cierta, la verdad es que posiblemente este pueblo de Puerto Plata, este país, nuestra República Dominicana, esta región, la región de las Antillas, y la Humanidad entera se salvaron de una extinción masiva.

A la luz de esta tremenda experiencia de pesadilla he llegado a la personal conclusión de que todas las especies (desde las microscópicas hasta las gigantescas, que son entre nosotros expresiones concretas de la vida), así como existen aquí  también existen especies iguales unas, parecidas otras y desiguales otras y muy desiguales otras en el Universo; que cada una de las especies que conocemos son expresiones de vida adaptadas a un medio específico; que el medio determina esa adaptación, y, por ende, el medio determina la forma y el tamaño de cada especie de vida en cada planeta del Universo donde hay manifestación de vida.

Mis sugerencias, Señor Ministro, son: que los códigos de comunicación de nuestras Fuerzas Armadas sean cambiados y que a los operarios de comunicaciones se les dé estrictas instrucciones de prestarles inmediata atención a cualquier clase de pedido de auxilio por emergencia, por más increíble que la misma pudiera parecer; así mismo, que nuestras Fuerzas Armadas dispongan la creación de una unidad biológica que dependa directamente del Ministerio de Defensa para no estar sujetos a la velocidad de respuesta de una institución civil; y, por último, que esta experiencia sea hecha, de la manera que se considere pertinente, del conocimiento de las autoridades de los demás países del mundo para que estén atentas a la posibilidad de ocurrencia de situaciones similares.

Atentamente, y con elevados respetos,

Antonio de Jesús Cabrera Blanco

Coronel del Glorioso Ejército de la República Dominicana y

Comandante de la Fortaleza San Felipe de Puerto Plata.