15-15-08-53-18-7866499Ramiro Francisco

Tuve que hacerlo rápido. Tenía que prepararme para defender a  un comunicador que se lo estaban comiendo vivo. Mientras me entregaba a exhaustivos exámenes y pruebas hasta en horas de la madrugada, ante Consejos de catedráticos y grandes pensadores de las más ilustres Academias solo pensaba en las estrategias a emplear para defender a mi cliente.

No me gradué con honores. Tuvieron que bajar las puntuaciones para llegar a la meta. Ahora al despertar, recuerdo que apenas alcance un promedio final de 36. Me dejaron porque les expliqué la urgencia que me apremiaba.

Tuvieron piedad los viejos maestros y al término de  63 días, ya estaba con el papel que me acreditaba como defensor.

El expediente era largo y con muchos calificativos. De nuevo debía enfrentarme al sobrecalentamiento del cerebrito.

Es un cliente de saco y corbata. Muy “famoso” y fantamoso a la vez.

No se entiende –al menos muchos no queremos entender – como es que cosas así se mantienen en trabajo en los medios de comunicación.

Con lentes fuertes de aumento y un puro en el lado izquierdo de mi boca inicié la lectura de las acusaciones:

“Loco, irrespetuoso, ridículo, pasao, sucio, freco, bendito loco, maldito loco, mierda, come mierda, habla mierda, estúpido, pájaro, gran vaina, asqueroso…”

Aprendí a pasar el cigarro de un lado a otro de la boca, Del izquierdo al derecho y viceversa.

Continuaban las acusaciones: “baboso-molondrón, busca sonido, miserable, loco-loco, mete droga, reguero de babas, manicomio, vergüenza del micrófono, vira lata, sinvergüenza, falta de tornillo, mediocre, bocina pagada…”

Anotaba en un cuaderno cada estrategia a emplear durante el juicio ante tantas acusaciones injustas.

Trataba de buscar un capítulo entero de los Códigos, para rebatir con altura y fina diplomacia cada acusación.

Le decían de todo…si lo agarran lo linchan…”cerdo, chantajista, pseudo comunicador, pachanga, fresco-rastrero-callejero, basura grande, boca sucia, rata, deslenguado, atrevido charlatán…”

Alcanzamos a llenar 23 cuadernos con cada una de las artimañas, e interrupciones del juicio en caso de necesidad… “vagabundo, mariconazo, besa hombre, sucio, descabellado, descortés, asqueante, sin educación…”

Luego de no mucho pensar, llegamos a la conclusión de que El Pachá se merece todos esos calificativos al cuadrado!

¿Lecciones aprendidas? Que buena parte de nuestra sociedad sabe, conoce y califica de manera objetiva el trabajo de cada quien a su paso por los diferentes medios de comunicación.

Que buena parte de esa sociedad en la que nos desenvolvemos, valora y etiqueta lo que recibe desde los medios.

Que buena parte del empresariado a sabiendas o no, es culpable del estercolero que podemos presentar desde los medios.

¡Qué lástima comunicador, que no hayas podido defenderle!