278238323_4946297332105980_4102373335057698773_nPor Manuel Gilbert
PUERTO PLATA.-Un lagarto que estaba acostumbrado a pasearse por el patio de una residencia en la calle Las Palmeras de la urbanización Las Caoba de la ciudad de Puerto Plata, se llevó el susto de su vida al encontrarse con una rana de aspecto feroz, que pensó lo devoraría si se le acercaba más.
El encuentro del pequeño reptil de color marrón y el batracio de coloración verde y patas amarillas se produjo sobre una mesa plástica blanca localizada frente a la puerta de la sala de la mencionada casa y al más pequeño de los dos portales de entrada y salida.
El largarlo estaba situado a menos de diez pulgadas de la piedra sobre la que estaba encaramado el sapo y quedó casi petrificado, tratando de que el batracio no se percatara de su presencia, porque pensaba que no podía prestarle batalla y derrotarlo.
Este proceso de observación del anfibio al saurio que, aunque no era de gran tamaño, su aspecto y pose le producían un pavor que casi lo inmoviliza por completo y le hacía temer que en cualquier momento se le abalanzaría y lo tragaría o lo devoraría haciéndolo trizas.
Mientras pasaban los minutos, que al animal de cuerpo alargado, terminado en cola, le parecía infinito, su angustia se incrementaba de manera exponencial, porque temía que sus minutos estaban contados, a menos que sucediera un milagro.
Los latidos de su corazoncito se aceleraban cada vez más y sentía a cada instante que le estallaría muriendo en el acto y pensó hacer un giro y lanzarse al vacío para no morir ante un rival que lo superaba en tamaño y fortaleza.
En medio de este mar de conjeturas y de apuros terribles, el milagro que pedía a una divinidad lagartija, apareció una mano y se llevó el sapo, que no era real. sino una pequeña escultura hecha con tal maestría que parecía tan real que por poco mata el lagarto de un mayúsculo susto.