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La Mancomunidad de las Bahamas es un archipiélago de unas 700 islas ubicado al norte del Mar Caribe, su superficie total es de aproximadamente 14 mil kilómetros cuadrados y tiene una población de 370 mil habitantes. Es una nación pequeña pero muy próspera, con bajo desempleo y un PIB per cápita sobre los 24 mil dólares, se ha convertido en un destino de inmigrantes de todo el Caribe, mayormente haitianos.

Allí residen unos 60 mil haitianos, es decir un 16 por ciento de su población total, lo que genera preocupación en los bahameños. De ahí que desde septiembre pasado ese gobierno anunció medidas para controlar y dificultar la vida de los inmigrantes ilegales.

Esas medidas —que entraron en efecto el pasado primero de noviembre— incluyen restricciones para acceder a permisos de trabajo para quienes hayan ingresado ilegalmente a Bahamas, arresto y deportación para los indocumentados y exigencia de porte de pasaporte para los extranjeros. Por igual, a partir de estas disposiciones los niños que nazcan en Bahamas de padres ilegales, no obtendrán la nacionalidad.

El ministro de asuntos exteriores de Bahamas, Frederick Mitchell, justifico estas medidas ante la Asamblea General de la ONU, y anunció que su país estaba determinado a controlar la inmigración ilegal, ya que de seguir creciendo podría ser una “receta para una guerra civil”, y que para su país ese tema era central para su supervivencia, su identidad y su seguridad nacional.

Trinidad y Tobago es otro pequeño Estado ubicado al sur del Caribe, su superficie total es de 5,128 kilómetros cuadrados y tiene más de un millón trescientos mil habitantes.

Exportadora de petróleo y gas natural, su PIB per cápita es de cerca de 20 mil dólares.

Su economía próspera, generadora de empleos también la han convertido en destino de inmigrantes.

Esto también preocupa a sus autoridades, pues atribuyen a esa oleada migratoria el incremento, entre otros problemas, de los índices de delincuencia. Por eso su ministro de Seguridad Nacional, Gary Griffith, otorgó un plazo de dos meses a los indocumentados para regularizar su situación so pena de ser expulsados… Sacados de casas y centros de acogida de ser necesario.

Ambas naciones actúan en atribución de sus derechos soberanos. No se les cuestiona, porque si lo hicieran y les acusaran de violación de los derechos humanos, cualquier de esos gobiernos les mandaría a freír tusas.

No es nuestro caso… A los dominicanos sí pretenden conculcarnos nuestros derechos soberanos.

La República Dominicana, con un PIB per cápita que no llega a 6 mil dólares y un desempleo de 14 por ciento, tiene que aceptar entre 800 mil y un millón haitianos que viven y trabajan en este territorio, la enorme mayoría de forma irregular.

Debe asumir una carga migratoria que cuesta 6 mil millones de pesos en atenciones de salud y otros 2 mil millones en servicios educativos. Sin contar las miles de mujeres que cruzan cada año la frontera para parir en hospitales dominicanos y los miles de niños haitianos que asisten diariamente a escuelas de este lado de la isla. Y no solo a recibir el “pan de la enseñanza”, sino también desayuno, merienda y almuerzo, que para muchos de esos pobres niños constituyen los únicos alimentos que reciben en todo el día…. Todo a cargo del contribuyente dominicano.

Sin embargo, a los dominicanos cualquier tipejo de la comunidad internacional y sus ONG’s “rectoras del mundo”, nos desconsideran, amenazan y nos ordenan actuar de acuerdo a sus intereses.

Descalifican nuestras instituciones y nos irrespetan como pueblo. Todo con la complicidad de malos dominicanos. Traidores en todo el sentido de la palabra.

Cualquier gobierno del mundo reaccionaria con energía y determinación ante este tipo de afrentas, y colocaría en su puesto a los atrevidos que se entrometan en asuntos internos. A los intrusos extranjeros los expulsaría, a las ONG’s traidoras las proscribiría, y a los países y órganos regionales se les notificarían diplomáticamente la inconformidad y se retirarían embajadores. Y en lugar de regularización gratuita y extensiones de periodos, expulsaría a cuanto indocumentado se encuentre en el territorio.

¡Pero no en Republica Dominicana! Aquí dos o tres “juristas”, un puñado de ONG’s y un par de escribidores meten en miedo a las autoridades.

Por eso hoy somos la “mona de traqueo” de un paquete de organismos… Grupúsculos históricamente irresponsables frente a Haití y su ancestral miseria… Por faltos de energía. Por dubitativos y tibios.

Por tanto, la culpa de lo que nos está pasando es sólo nuestra… ¡Lo hemos permitido!

Haití es un problema para la comunidad internacional. A los haitianos nadie los quiere. Tanto así que no los quieren ni en Haití. Donde sus elites políticas y económicas, en lugar de impulsar el desarrollo y oportunidades de una mejor vida para sus ciudadanos, lo que promueven son emigraciones masivas para vivir de sus remesas.

Y como nadie los quiere… ¿Qué mejor destino que en el vecino genuflexo? Que nunca han dicho alto y claro: ¡Basta ya! Y que nunca ha adoptado posturas firmes en defensa de su identidad nacional y cultural… Como acaba de hacer Bahamas.

Pero la copa esta a punto de rebosar. Este pueblo esta reaccionando y observando el proceder de su liderazgo político y social para colocar a cada quien en su justo lugar.

El Tribunal Constitucional y la Junta Central Electoral están en los altares. Así como están identificados los traidores.

Y el liderazgo político… Que sepa que el tema nacional jugará un rol determinante en los próximos procesos electorales… Puede que incluso más allá de las simpatías o compromisos partidarios.

El surgimiento del “uribismo” a partir del hartazgo de la sociedad colombiana ante la violencia es un referente cercano y apropiado.

De los actuales aspirantes, sólo Leonel, Reinaldo y Miguel han fijado posiciones claras en defensa del interés nacional. Hipólito y Abinader están en abierta connivencia con la facción traidor. Los demás… tan tibios como Danilo.

¿Que dónde está Danilo?…. Bien gracias…. dicen que “consultando”.

 

(Oscar Medina-Listín Diario)