gregory castellanosPor Lic. Gregory Castellanos Ruano

Notaron su ausencia, que se hacía tarde y no bajaba de su habitación, la preocupación de éllos aumentó al apenas faltar diez minutos para las doce del mediodía y ver que dicha ausencia se prolongaba, por lo que subió uno que tocó la puerta de dicha habitación y lo llamó:

-¡Papá, papá, levántate que ya es tarde!

Y no hubo respuesta. Los demás también subieron al darse cuenta de que los llamados en cuestión no tenían respuesta. Estaban muy preocupados pensando lo peor. Todos tocaban la puerta y voceaban:

-¡Papá, papá,…!

Finalmente decidieron forzar la puerta pensando en ese peor.

Al propietario de la casa de la calle Imbert esquina calle Antera Mota, frente a la Ferretería Canahuate, de Puerto Plata, sus familiares lo encontraron en su cama de su habitación situada en el segundo nivel donde la galería interna ubicada en dicha segunda planta da frente al patio. Pero al proceder a arrodillarse para levantarlo e inquirirle qué le había pasado notaron que todos los cabellos negros de su cabeza y que todos los bellos de sus brazos, también enteramente negros, tenían ahora, por el contrario, un color enterizamente blanco.

El señor de la casa había envejecido sus cabellos y sus bellos de la noche a la mañana, pues el día anterior los tenía todos negros.

Sus familiares procedieron a despertarlo. Cuando esto ocurrió sus familiares le explicaron cómo lo encontraron y uno de ellos procedió a preguntarle:

-¿Qué te pasó? ¿Porqué todos tus cabellos de la cabeza y todos los bellos de tus brazos se han tornado blancos?

El hombre se vio los brazos y comenzó a responder con una pregunta:

-¿Todos mis cabellos están blancos? Permíteme, por favor, un espejo para verlos.

Al confirmarle el espejo lo que le fue informado no se le vio, sin embargo, expresión alguna de asombro, sino, por el contrario, de clara aceptación del fenómeno en él verificado y musitó:

-Bueno, no era para menos; y si los hubiese tenido blancos de seguro se hubieran convertido en negros… Por eso fue que me habló de que me dejaría un recuerdo que también los demás lo verían…

-¿Cómo así?

-¿Porqué dices eso? ¿Quién es ese del que hablas?

-¿De qué hablas?

-¿Qué fue lo que te pasó que te expresas de esa manera?

Fue la andanada de preguntas que respectivamente le formularon cada uno de sus hijos allí presentes.

-¡Ay hijos! Lo que me pasó es una experiencia totalmente impresionante, ustedes ni por asomo se imaginan lo que me pasó; no se imaginan quién estuvo en esta casa…

Respondió el señor de la casa.

-«¡Estuvo en esta casa!« ¿A quién te refieres, de quién hablas?

Exclamaron todos al unísono.

-No quiero provocarles miedo a ustedes, pero lo que voy a narrarles les va a dar miedo…

-¿Porqué? Explícanos de una vez, le dijo el hijo más próximo a él.

-Sencillamente porque en esta casa estuvo Satanás en persona…

Comenzó a decirles a todos sus hijos.

-¿Cómo?

-¿Qué dices?

-Papá, pero ¿de qué hablas?

-¿Cómo va a ser?

Volvieron a exclamar respectivamente sus hijos, esta vez sobrecogidos de espanto y de terror.

-¡Sí! ¡Así mismo como suena: el mismo Diablo en persona estuvo en esta casa y desde ahí en la galería que da hacia el patio estuvo hablando conmigo mientras yo permanecía en esta habitación…!

Nuevamente el desconcierto expresado en algarabía:

-¿Qué dices?

-¿El Diablo estuvo aquí?

-¿Que el Diablo habló contigo?

-¡Tú tienes que estar delirando!

-¡No! No estoy delirando, sé muy bien lo que estoy diciendo y estos bellos y estos cabellos blancos que ustedes están viendo son un efecto causado por eso que les estoy diciendo. No sé si ustedes se recuerdan de que en dos ocasiones en los dos años anteriores les comenté mientras comíamos en la mesa que por la noche yo había escuchado el sonido del aleteo de las palomas como si salieran huyendo de algo y luego un sonido ligeramente fuerte como de algo que se había aposentado de repente en el techo y después un fuerte sonido de aleteos que parecían de palomas, pero más fuertes.

-Sí, lo recuerdo perfectamente.

Respondieron todos por separado.

-Bueno, pues yo anoté la fecha de cada una de esas ocasiones y ambas coincidían, es decir, la del primer año fue el once (11) de Septiembre de mil novecientos noventa y nueve (1999) y la del segundo año fue el once (11) de Septiembre del año dos mil (2000).

-Esa es la misma fecha de hoy lo único que estamos en el dos mil uno (2001).   Le observó uno de sus hijos.

-Exacto, bueno, pues esta vez me hice el propósito de esta despierto y alerta para si se repetían esos sucesos yo poder descubrir qué originaba esos sonidos; y a eso de la una de la madrugada se produjo el aleteo de las palomas alborotadas, como si salieran huyendo de algo, luego se produjo el sonido seco de algo que se había aposentado de repente en el techo y después un fuerte sonido de aleteos mucho más poderosos que los de todas las palomas juntas; y procedí a observar desde uno de los orificios que semejan lágrimas horizontales alargadas elaborados arriba de esa puerta de este cuarto que da al balcón desde el que se ve el patio y lo que vi me heló la sangre: vi una figura descendiendo al lado de la pequeña fuente de agua del patio: era el Diablo que descendía moviendo sus alas membranosas y picudas como las de un murciélago, se veían sus cuernos y cuando se posó en tierra procedió a beber agua de la pequeña fuente de agua del patio; yo estaba aterrorizado, pero más temor me dio cuando giró su cabeza y con unos ojos rojizos vio exactamente hacia la brecha desde la cual yo lo había estado acechando y permaneció un buen rato con su mirada clavada en mis ojos desde el mismísimo patio, yo sentí que sus ojos miraban mis ojos, y así efectivamente fue, apenas pestañé y vi cómo ese ser empezó a aletear y voló directamente hacia la puerta tras la cual yo estaba; sólo ese débil pedazo de madera ornamental nos separaba, mi terror aumentó más y más rápidamente, sentí que el corazón se me quería salir del pecho; el ser se colocó volando frente a esa puerta, sus ojos rojos encendidos miraban fijamente mis ojos como si me explorara por dentro a través de mis ojos; mientras miraba mis ojos yo observé que su imagen era exactamente igual a la de la imagen que de él representan las pinturas: con nariz aguileña, bigotes negros pequeños, una barbita negra tipo chivo, una piel rojinegra; de repente su rostro sufrió una serie de mutaciones: sus cuernos de pequeños se transformaron en dos enormes cuernos parecidos a los de esas vacas americanas de chifles gigantescos y, precisamente, su rostro tipo humano variaba y se convertía en el rostro de un toro negro, a ese rostro de toro negro siguieron sucesivamente otros nueve rostros de formas diferentes, pero todos siempre rostros monstruosos y siempre sus ojos despedían una luz rojiza, todo lo cual excitaba más mi miedo. ¡Aquello era totalmente aterrorizante! Sentí que ese tiempo era toda una eternidad. Supongo que fue en ese momento que mis cabellos se transformaron de negros en blancos. Nuevamente el Diablo recuperó el rostro con que originalmente yo lo había visto.

-¿Porqué me acechas?

Me preguntó el Diablo con una voz tan imponente como fea y yo con voz profundamente temblorosa le respondí:

-Si hubiera sabido que lo iba a ver a usted, jamás se me hubiera ocurrido acechar a través de esta brecha del adorno de la puerta. Mi intención sólo era descubrir qué provocaba cada año el espanto de las palomas que salían de sus palomares despavoridas lo mismo que el ruido que sentía de algo que se aposentaba sobre el techo, sólo descubrir qué cosa era. Perdóneme usted si lo he molestado con mi imprudencia.

El Diablo me manifestó:

-No hay problema, no te haré daño, pues suficientes pequeños sustos les he dado a anteriores propietarios de esta casa, lo mismo que a ti y a los tuyos, pero nunca pensé que lograrías acecharme…

Yo lo interrumpí diciéndole todo lleno de miedo:

-¡Por favor, le repito que si hubiera sabido que era usted yo no hubiera estado al acecho…!

-No te preocupes   -volvió a repetirme el Diablo-  te entendí perfectamente, pero ya que la curiosidad es lo que te ha movido le daré más satisfacción a la misma diciéndote el porqué de mi paso por tu casa cada año en esta misma fecha: has de saber que cada año para esta fecha ocurre en el mundo una tragedia terrible y para supervisar que la misma efectivamente ocurra y que sea lo más terrible posible yo mismo en persona salgo por la grieta que une al infierno con el no-infierno, por ejemplo hoy me dirijo hacia el gran país del Norte donde unos locos fanáticos religiosos piensan ejecutar un plan dignísimo de llevar mi nombre; esa grieta por donde salgo, por cierto, no queda lejos de tu casa, de ahí que tú y los tuyos, al igual que todos los anteriores que han vivido aquí en esta casa, hayan sido objeto de algunas pequeñas travesuras mías para yo gozar viéndolos sufrir llenos de miedo. Creo que te he dicho bastante, ahora me voy, pero te quedarás con un recuerdo permanente de este encuentro   –que de hecho ya lo tienes encima-, pero que los demás también podrán apreciar, adiós.

El Diablo aleteó para ascender e irse volando, como en efecto lo hizo, con dirección hacia el Norte franco. Fue lo último que recuerdo  haber visto, bajé de la pequeña escalera portátil que ustedes ven recostada de la puerta que da al balcón interior y me desplomé aterrado sobre la cama, supongo que en ese momento me desmayé, pues no recuerdo haber visto ni pensado más nada.

-¡Ay mi madre! Yo creo que lo mejor que podemos hacer es mandar a buscar al cura de la Iglesia San Felipe para que le eche agua bendita a esta casa y haga un rezo que espante a ese pájaro malo para que no vuelva a poner sus pies en esta casa.

Dijo uno de los estupefactos hijos del dueño de la casa.

…Algunos días después de lo narrado, al ser visto en el pueblo con cabellos blancos todos los que de cerca o de lejos lo conocían se asombraron, pues estaban viendo frente a sí a un hombre envejecido prematuramente en unos treinta años por lo de los cabellos blancos; todos los que lo conocían intuyeron que algo grande debió provocarle ese efecto. Los que llegaron a escuchar la noticia del suceso misterioso la descartaron de plano, al igual que los demás creyeron que, en realidad, alguna enfermedad lo había afectado; sólo sus familiares creyeron en lo narrado por él.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

Nota: Todo esto es ficción elaborada por el suscrito, pues es un cuento, el cual sitúo en dicha casa porque alrededor de la misma flotan otros cuentos misteriosos que provienen de una época muy anterior a la mía y que   -según mi padre-   supuestamente fueron ciertos o al menos así le fueron transmitidos.